miércoles 14 de octubre de 2009

Mi Héroe

La persecución era frenética, la banda de los más fieros forajidos del oeste cabalgaba tan rápido como el viento en pos del valioso cargamento de la diligencia. Dejaban una nube de polvo a su paso y se podía escuchar el trote de los caballos, los “arres” apurándolos y el estallido de las pistolas, que escupían balas a granel, “piug, piug” sonaba cada vez que las balas rebotaban contra las piedras del camino.

Éramos cinco pequeños rufianes, mi hermano Orlando, nuestros 3 vecinos y yo, la única niña del grupo. Orlando, quien a sus 7 años era el mayor de todos, siempre repartía los roles: “Hugo, tú conducirás la diligencia, Freddy y Javier serán los cuatreros, Rita, tú serás la profesora que llega al pueblo”.

Ponernos de acuerdo nos tomaba más tiempo que el juego propiamente dicho, era la mejor parte y no nos dábamos cuenta ante la ansiedad de empezar a jugar. Freddy protestaba, “no, no, así yo no juego, esta vez me toca salvar la diligencia” y yo reclamaba, “Orlando, Orlando, por favor, déjame ser cuatrero, las profesoras no tienen pistolas”.

El conductor de la diligencia, el Viejo Freddy, era muy hábil fustigando los caballos, los apuraba, su misión era poner a buen recaudo a sus pasajeros y sabía que dependía de la velocidad y fuerza de sus potros. Al mismo tiempo, confiaba en la puntería de su ayudante, la certera Rita, quien repelía a los bandoleros con mucha habilidad disparando un rifle a diestra y siniestra.

La discusión de quien haría que personaje, si sería herido o muerto, como se desarrollaba el juego y demás, era el pan de cada día. Las negociaciones, siempre lideradas por mi hermano, eran extensas e intensas, llenas de entusiasmo, creatividad y júbilo, así como reclamos, gritos y por porqué no, también llantos:

- “Rita, si quieres jugar con nosotros, serás la profesora, sino te vas a jugar con tus muñecas”
- “no seas malo, déjame jugar con ustedes, yo quiero disparar una pistola, por favor, por favor, por favor”
- bueno, bueno, sólo porque nos falta gente, si quieres serás el ayudante de Freddy…

”Uno de los más recios bandoleros, Orlando el Rudo, logró alcanzarnos. Con gran agilidad saltó sobre la diligencia en movimiento; iniciando, allí arriba sobre el equipaje, una pelea con el viejo Freddy. Por un buen rato el carruaje rodó fuera de control, los caballos desbocados corrían a su suerte por las extensas llanuras, hasta que con mucho esfuerzo y a pesar de estar herida, Rita tomó las riendas, salvando la diligencia del peligro de volcarse.

Éramos inquietos e inocentes, dispuestos a descubrir el mundo a cada paso. Aprendiendo y creciendo juntos sin darnos cuenta, entre travesura y travesura, en esos inolvidables y eternos atardeceres, llenos de colores, olores y sonidos propios.

Mi hermano, tan sólo 18 meses mayor que yo, siempre estuvo allí para defenderme, para explicarme las cosas que yo no entendía, era mi protector, mi referente, mi héroe. Al mismo tiempo e inclusive a lo largo de nuestra juventud, con las reservas ineludibles entre hermano y hermana, compartíamos nuestras ilusiones, esperanzas, sueños y frustraciones.

Ahora, la pelea se hizo más feroz, Orlando el Rudo tenía al Viejo Freddy sujeto del cuello cuando… la ruma de viejos maderos sobre los que estábamos jugando, en el patio trasero de nuestra casa, se derrumbó. Orlando y Freddy quedaron atrapados. Asustada al ver que no podía ayudarlos a salir, corrí llorando en busca de ayuda.

Esa día y hasta muy tarde en la noche, estuvimos castigados; aunque no dejamos de intercambiar, a hurtadillas, esas miradas de cómplices. Chócala para la salida!

Aunque hoy ya mayores, vivamos historias diferentes y no tengamos los mismos intereses, estoy segura que ambos conservamos intactos esos, nuestros maravillosos momentos compartidos, y que en el fondo de su corazón él sabe que continua siendo mi hermano querido, mi referente, mi héroe.

lunes 21 de septiembre de 2009

El Secreto


Tú eres pasión, aventura, lujuria
más me suenas a remanso, a paz y a lluvia.
Me sabes a música de piano y violín
a dulce de membrillo y mermelada de naranja
a mares,
inmensos y profundos.
Mi alma existe sólo por tus sensaciones.
¿Mis pensamientos?
Maraña de caricias impuras.

Quiero vivir hundida en tu piel
En tu pecho, en tus labios.
Bailar al compás de tus caricias
Hundirme en el reflejo de tu imagen
Descubrir el secreto de vivir sin ti
y contigo al mismo tiempo.

domingo 21 de junio de 2009

Mi Amado Ausente

El dulce susurrar de la mar me despierta.
Los rayos de luz se filtran por la ventana,
bañada toda ella con gotas de rocío.
Todo lo demás es silencio.
Siento la omnipotente presencia de tu ausencia.
Dejaste únicamente tus desvanecidas sombras,
que en vano trato de retener.

Al ponerse el sol, me siento junto a la ventana.
Ahora, gotas de rocío bañan mi cara
cual perlas apenas suspendidas.
Súbitamente y por sólo un instante,
de lo más profundo de mis sensaciones
el sabor de tus melodiosas caricias
y tus palabras de deseo me abordan.

Quisiera tener alas para alcanzarte.

lunes 1 de junio de 2009

Dulce amor


Ni la más densa neblina de la noche
ni el torrencial diluvio de invierno
impedirá que la intrusa calidez de mi ser te alcance.
No temas, dulce amor.
Navegarás por las praderas de mi cuerpo
coronarás las más altas montañosas
poseerás los valles más profundos,
beberás lluvia de infinitas estrellas
bailarás en magistrales conciertos
y entonces, seremos uno.

miércoles 18 de marzo de 2009

Mi tierno ángel


Una noche fría de verano inquieto
un tierno ángel se cobijó
en mis brazos.

Mil promesas de amor me hizo:

“Colgaré estrellas doradas en el cielo,
Trasladaré la luna azul a tu ardiente lecho,
Celestiales cánticos velarán tus sueños,

todo por ti, mi dulce amor”

Desperté colmada por su gentil mirada,
su tierno rostro, sus bellas palabras,
sus caricias sublimes, sus besos.

Maravillosa criatura, etérea y luminosa
Quédate dentro de mi alma misma,
y ya no habrán más noches frías.

jueves 12 de febrero de 2009

Evocaciones


Mientras duermes, yo te observo
con ojos de mujer enamorada.
Entrecierro los ojos,
los recuerdos vienen a mí,
cual ráfagas de viento en cálido otoño.
En mi mente te veo.
Traviesa sonrisa de niño bueno,
mirada de cómplice en andanzas certeras,
manos torpemente ansiosas cuando me acaricias…
Me dejo llevar por mis evocaciones.
te traigo a mi piel.
Eso basta.
Ahora, ya no duermes…

domingo 8 de febrero de 2009

En tu ausencia


En tu ausencia, la vida se sigue viviendo